lunes, 4 de noviembre de 2024

Pienso en tu cuerpo

Se acabó la bombona y la luz se ha ido.

No puedo calentar la sopa ni encontrar

las galletas, las velas, las cerillas.

Todo me es aún extraño, y mis amigos

marcharon a alguna ciudad cercana.

Me dejaron aquí, me acomodaron,

me dieron un abrazo caluroso

y me dijeron “aquí está tu casa”.

Me siento y miro hacia el rincón

donde creo que se encuentra el muro.

Podría levantarme y comprobarlo.

Podría. No lo haré. 

Quizá la puerta esté abierta. Lo ignoro. 

Quizá el perro que aúlla sea el nuestro, 

quién sabe, hay tantos patios por aquí.

Miro ahora por la ventana, o eso creo,

puede que no se encuentre en ese lado.

La luz se fue de todo el cerro y nada

se divisa por parte alguna, nada

aunque podría ser que estén cerradas

las persianas, la puerta.

Quién sabe. Es posible.

Quizás incluso sí haya luz ahí fuera.

Podría levantarme a averiguarlo.

Podría. No lo haré.

La cama es cierta, estoy sentado en ella.

Las sábanas están aún calientes,

es mullido el colchón. Fue agradable el sueño.

Desperté y todo estaba así, oscuro.

Creo que el muro está ahí, delante.

No se ve nada, pero eso creo.

La oscuridad parece ahí más densa,

compacta, coherente.

Todo está bien así. Aún hay tiempo.

Se calló el perro. Aletea un pájaro.

El muro de la izquierda se siente más lejano

pero recuerdo que estaba más cerca,

tocaba el cabecero de la cama.

Mis amigos dijeron que podría pasar esto.

Me dijeron “descansa, amigo, túmbate”,

dejaron las cerillas en la mesa.

De pronto lo recuerdo. Pero dónde

está la mesa. Quién querría buscarla, ahora.

Esto está bien así. Mis pies tocan el suelo.

Algo frío, quizá, el suelo, está bien.

Creo que seguiré un rato de este modo.

Sigo mirando el muro. Creo. Sigue oscuro,

más oscuro aún, pero algo veo.

Aún me queda tiempo.

Parece que lo oscuro se moviese. 




0    0    0




Tu cuerpo no se encuentra

aquí, en este momento. El mío sí,

pero piensa en tu cuerpo.

Es imposible pensar en tu cuerpo.

¿Cómo se piensa un cuerpo?

No es lo mismo que verlo,

que recordarlo, que reconstruir 

su imagen en la mente,

su imagen invisible ahora, intocable,

es quizá reconstruir

su imagen pero en mi cuerpo presente,

tu cuerpo ausente en mi cuerpo presente,

reconstruir, entonces,

mi cuerpo a tu imagen, a tu falta

pero tu cuerpo nunca falta, nunca, siempre está, aquí, lo pienso,

pienso tu cuerpo y me voy acostumbrando

sin saber lo que pienso, sin saber,

pensar no es lo mismo que saber,

pensar tu cuerpo, sin saber tu cuerpo, 

eso es, quizá, pensar 

tu cuerpo, puede, puede ser, no sé. 

No conocer: pensar,

no saber: solo pensar en tu cuerpo,

no verlo: solo pensar en tu cuerpo,

no imaginar, soñar

como quien dice no besar, tocar…

Pienso en tu cuerpo cuando no lo beso,

cuando ya no lo miro ni acaricio,

pero tu cuerpo siempre está, lo pienso,

se piensa a sí mismo en mi cuerpo,

quizá mi cuerpo es ese pensamiento

de tu cuerpo. No de amor ni deseo:

de tu cuerpo. No tu cuerpo en el mío:

tu cuerpo, solo, no tus brazos, no

tus piernas, no tus senos o tu vientre,

no tus ojos, rodillas, no: tu cuerpo.

No tu carne: tu cuerpo.

No tu olor, tu sabor, tu voz:

tu cuerpo.

No tu cuerpo: 

tu cuerpo.

Es imposible pensar en tu cuerpo. 

Pero yo pienso en tu cuerpo.

Cada día. Ya me voy acostumbrando.

Piense lo que piense, pienso en tu cuerpo.

Es tu cuerpo. Imposible pensarlo,

pero es tu cuerpo. En algún lugar

camina, ríe, habla. Mientras tanto

yo pienso en él, aquí. Pienso en tu cuerpo.

No es mío: es tu cuerpo. 

No es tuyo: es tu cuerpo.

Es el cuerpo de tu cuerpo. Supongo.

Es imposible pensar

en él. Pero yo pienso. 

Cada día. Yo pienso.

Yo pienso en tu cuerpo.




0    0    0




Me empiezo a acostumbrar.

Pienso en tu cuerpo. Yo me encuentro en él,

contenido, absorbido. Lentamente,

empiezo a ser yo, es decir, tú

empiezas a ser tú

y yo pienso en ti,

es decir, en tu cuerpo

y en ese pensamiento está mi cuerpo,

contenido, viviente,

mi cuerpo incluso es ese pensamiento,

yo que pienso en tu cuerpo

a la luz, o la sombra, de tu cuerpo

que estará o no estará, pero es un cuerpo,

tu cuerpo. En él pienso. Por un rato,

un pequeño momento,

y después otro rato,

y de pronto no sé

cuándo empecé a pensar

en tu cuerpo. Quizá sin advertirlo,

sin deseo o voluntad, sin querer, él

ya estaba allí antes de que yo pensara

en tu cuerpo, tu cuerpo se pensaba

y con él se encontró mi pensamiento

y entonces empecé 

a pensar en tu cuerpo

al encontrármelo en mi pensamiento

al encontrármelo en mi cuerpo antes

de decidir buscarlo, 

de decidir pensar,

quizás, incluso, entonces,

pensar sea, para mí,

pensar en tu cuerpo,

encontrar tu cuerpo, mientras no existe,

en el mío, encontrarlo sin búsqueda,

cada vez descubrirlo,

reconocerlo de antes, cuando estaba

en tu cuerpo o en el mío

y descubrir que estaba él ya pensándose,

en mí, él solo, y yo con él, pensando

en tu cuerpo, a solas, sin saberlo.


Ahora pienso en tu cuerpo. Ya lo sé.

Antes, también después, 

pensé, pensaré, en tu cuerpo, sin saber.




0    0    0




Pienso en tu cuerpo.

Pienso en tu cuerpo

desnudo. Tu cuerpo siempre está

desnudo. Está desnudo

debajo de tu ropa,

está desnudo 

debajo de tu cuerpo.

Tu cuerpo es ligero, apenas existe,

se lo lleva volando la brisa suave del otoño.

Veo el Sol brillar a través de tu cuerpo.

A veces parece que tu cuerpo no existe,

parece que tu cuerpo es un color,

apenas una piel, 

parece que tu cuerpo es la piel 

de mis ojos,

un color que lo tiñe todo,

a veces parece que solo veo tu cuerpo,

aunque es imposible ver tu cuerpo

de tan desnudo

de tan leve

aunque es imposible pensar en tu cuerpo

porque es imposible verlo

y es imposible tocarlo

aunque ayer lo hice

lo toqué

lo acaricié

y lo vi

mis ojos lo vieron

y ahora pienso en él

pienso en tu cuerpo

pero sé que no

sé que no es posible tu cuerpo

y hay algo ahí que me hace a mí 

imposible

también. yo también 

estoy desnudo

ante tu cuerpo

aunque tu cuerpo no está

lo pienso

eso me dicen

me dicen que pienso en tu cuerpo

pero yo no estoy tan seguro

yo no sé en qué pienso

no sé si se puede saber

en qué pienso

cómo sería eso posible

pensar y saber en qué se piensa

no sé

yo no sé si pienso en tu cuerpo

pero pienso en tu cuerpo

quién quiere saber

solo quiero pensar en tu cuerpo

a veces hasta creo verlo

es suave y leve y ligero y dudo 

si lo veo

dudo si lo estoy viendo

pienso que quizás no

que quizás no está ahí

se derritió con la nieve luminosa de finales de invierno

se esfumó como un pensamiento

ante mi cuerpo desnudo

siempre desnudo

como tu cuerpo

tu cuerpo desnudo

en eso pienso

eso me dicen

yo no sé

yo pienso en tu cuerpo

ellos sabrán lo que pienso

yo pienso en tu cuerpo

quizás desnudo

debe ser

tu cuerpo siempre está desnudo

cómo podría ser de otro modo

cómo podría existir un cuerpo

que no sea un cuerpo 

desnudo

claro que

cómo podría existir un cuerpo

es imposible

si lo piensas

quizá no hay cuerpos

quizá nadie tiene cuerpo

pero yo pienso en tu cuerpo

quizá solo tú tienes cuerpo

o eres cuerpo

yo no sé si el cuerpo se tiene

yo sé que eres tu cuerpo

qué otra cosa podrías ser

sé que tu cuerpo está desnudo

o es

es desnudo

sé que es imposible pensar en tu cuerpo

pero lo veo

sé que es imposible verlo

pero lo acaricio

o sea, ayer 

lo acaricié

eso me dicen

no sé

yo no sé si lo hice

no sé si veo tu cuerpo

no sé si pienso en tu cuerpo

pero pienso en tu cuerpo

pienso en tu cuerpo

está desnudo

tanto 

que me confundo

y a veces creo que es mi calle

me parece reconocerlo

pero eso es imposible

cómo iba yo

alguien

cómo iba cualquiera

a reconocer tu cuerpo

si es imposible verlo

se esfuma

se fue volando con el polen en los primeros días de la primavera

quién iba a reconocerlo

tú tal vez

tal vez tú puedas

reconocer tu cuerpo

y algún día me lo señales

y yo lo mire

y lo acaricie

como ayer

o tal vez no puedas

tú tampoco

porque quizás tú tampoco tienes

tu cuerpo

o no lo eres

o no existe

podría ser

podría, porque es imposible

tu cuerpo

es para no creérselo

pero quién cree

yo pienso en tu cuerpo

solo eso

ayer también lo hice

volveré a hacerlo

en algún momento

ya empecé de nuevo

pienso en tu cuerpo

pienso

en qué otra cosa iba a pensar

está tu cuerpo

y yo pienso

estamos tu cuerpo y yo

y yo pienso en tu cuerpo

salvo que tu cuerpo no está

quién sabe 

si está

dónde está tu cuerpo

quién quiere saberlo

que alce la voz

quien quiera saberlo

yo no digo nada

yo pienso en tu cuerpo

no dentro

no nos confundamos

yo pienso en tu cuerpo

hay una dirección

eso dicen

quién sabe hacia dónde

a algún sitio será

aunque es imposible

si lo piensas bien

saber qué piensas

en qué piensas

quizás dónde piensas

en tu cuerpo

y por eso es imposible

no hay dirección

o hay demasiadas

me pregunto dónde está tu cuerpo

luego me callo

que ellos digan lo que quieran

yo me callo

lo que sé

porque no sé nada

yo solo pienso

ellos sabrán dónde

ellos sabrán hacia dónde

ellos sabrán

yo pienso

no sé si está tu cuerpo

pero quién quiere saber

algún día sabré

hoy pienso

de momento

no hay nada más

apenas tu cuerpo

desnudo

tanto

tan desnudo

se fundió sobre la arena caliente

eso me pareció ver

eso me contaron

se habla de tu cuerpo

que hablen

yo pienso en tu cuerpo

quién sabe si es

si está

yo pienso en tu cuerpo

ellos sabrán

yo pienso en tu cuerpo

eso dicen

yo no sé

ni siquiera sé

si pienso en tu cuerpo

pero pienso en tu cuerpo

quién sabe

quizás no

pero pienso en tu cuerpo

yo pienso en tu cuerpo

pienso en tu cuerpo

en tu cuerpo pienso

en tu cuerpo

pienso

no puedo decir que pienso

no pienso

solo pienso

en tu cuerpo

ellos saben

sabrán

yo pienso

pienso en tu cuerpo


martes, 29 de octubre de 2024

Informe semanal (2)

Den muso (Souleymane Cissé, 1975)

Just pals (Jack Ford, 1920)

Aero Horrorthon the movie (Part one) (Damon Packard, 2024)

Weak rangers (Lucía Seles, 2022)

Unabomber: In his own words (Mick Grogan, 2020)

Hellraiser III: Hell on Earth (Anthony Hickox, 1992)

Hellraiser: Bloodline (Alan Smithee, 1996)

Terrifier (Damien Leone, 2016)

descargar pdf

En la crítica que a su estreno en Cannes escribió sobre Yeelen, Serge Daney señalaba que ya entonces Souleymane Cissé era excepción a la regla en el cine africano, pues las películas de ese continente solían ser discursivas y analíticas, muy ancladas a la palabra (incluye en ello a cineastas a los que admira, luego el juicio no es peyorativo), mientras que los personajes de Cissé “tienen una presencia física, una gracia en los movimientos, una sensualidad difusa (…) desconocidas en otra parte. No la estetización del mundo, o su postalización, sino la inscripción inmediata de los cuerpos en su entorno”. Aparte de Yeelen Daney pone como ejemplo Finye (El viento), que aún no he visto, pero Den muso (La joven), primer largometraje de ficción de Cissé, da fe de ello si bien no de una manera tan plena. Altamente elíptica (aunque debo decir que en mi copia había muchos diálogos no traducidos) y con una protagonista muda, es una dura denuncia, intervención en una problemática social que preocupa al cineasta, pero sobre todo un retrato de un estado de cosas entendido como trenzado de relaciones de clase y de género, pero también de espacios y de tiempos; centrado en los padecimientos de la joven hija de un poderoso industrial, el retrato se muestra atento a muchos diversos elementos que se cruzan en el camino, vinculados directamente o no a la peripecia central. Hay una voluntad documental presente en la elección y trato de escenarios, la atención a la decoración de casas o a trabajos en las calles, una crítica del machismo (aunque la muchacha es rechazada de una manera extremadamente violenta por el padre, y más ambiguamente por la madre, pero el resto de familiares la apoyan y protegen, criticando abiertamente al progenitor; ahora bien, el comportamiento de los dos hombres principales de la película es espantoso) y una un poco más larvada sobre las relaciones de clase, muy evidente en el caso del industrial, pero también en la impresionante escena en que su esposa llega con su hija al médico y exige ser vista de inmediato; el personaje, hasta el momento más bien simpático y tanto más por el modo autoritario en que es tratado por su marido, de pronto ejerce el mismo trato despreciativo hacia la enfermera y todos los pacientes de la sala de espera (y más aún: sus deseos son cumplidos). La película puede funcionar como un melodrama desmelenado si se cuenta, pero la importancia del silencio, de las elipsis, de la voluntad descriptiva, la sequedad y hasta tosquedad de su forma, convierte a Den muso en una obra dura, sugerente y conmovedora, gracias también a la interpretación de su protagonista, Dounamba Dany Coulibaly, que en todo el tercio final pone el corazón en la garganta.

Si el joven de Den muso deja la fábrica por el mal sueldo, el protagonista de Just pals, primera película de John Ford para la Fox, nunca trabaja, y es tan vago que le cansa incluso ver a los demás hacerlo. Pero aunque no sienta culpa alguna, es evidente el modo en que esto le obliga a ver el mundo desde la barrera: véanse las composiciones en profundidad que le muestran en términos espaciales separados de otros donde tiene lugar una vida donde no todo son cosas que rechaza: así, le vemos tumbado en un pajar con los que cargan la paja al fondo, pero también mirando a la chica que le gusta hablando lejana con el hombre que la corteja. Ya en estas primeras imágenes, que ejercitan el gusto de Ford por las espaldas, y nos invitan a querer a quien se sitúa en el margen de la sociedad, se observa una cercanía entre Ford y Chaplin que obviamente crecerá cuando la película se convierta en un antecedente de El chico, que se rodaba en aquellos momentos y se estrenaría al año siguiente. Por supuesto Ford no llega a los niveles de elaboración cómica de Chaplin pero tiene sus momentos, como cuando Bim, el protagonista interpretado por Buck Jones, se pone a lavar al crío colgándole en lo alto de una polea. Lo gracioso es que todo se resolverá sin que Bim tenga que dar un palo al agua; sí, se sacrifica por la profesora, sí, detiene un atraco, pero en todo se ve metido por accidente, y al final es la pura casualidad y la buena suerte la que termina metiendo 10000 dólares en su bolsillo, rico finalmente por azar, sin haber trabajado ni un solo día en su vida, y obteniendo a la chica por su buen corazón… y porque ahora su dinero se lo permite.

Por mientras, Just pals es otra muy simpática película típica de estos primeros años mudos de Ford, tan bien acabada como las que había hecho con Harry Carey aunque con mucha menos acción, si bien cuando Jones cabalga resulta un placer verle y Ford hace planos notables con nada, como aquel en que vemos a los bandidos desde el río, pero de pronto grandes salpicaduras de agua irrumpen en primer término por la izquierda de la cámara, para ser pronto seguidas por los caballos de dos nuevos jinetes, cabalgando desde ese primer término hacia ellos. El Ford mudo está lleno de magníficas ideas como esta. Pese a la acción frenética del último rollo la película tiene un tono bucólico y es altamente moral pues prácticamente no hay nadie “respetable” que no sea o malvado o tonto; de nuevo como en Chaplin, es evidente el trasfondo católico y crístico del autor, el desprecio a los “sepulcros blanqueados”, la burla hacia la ley (el sheriff es un secundario cómico de antología) y el amor por los desheredados, su inocencia y su picaresca.

104 años después del rodaje y estreno de Just pals, la Inteligencia Artificial afronta la fase inicial de su reinado, del que poco bueno podemos esperar pero algunos como Damon Packard han tomado como nuevo campo para sus más desenfrenados delirios porque, ya saben, es animación pero en fácil (y ya sé que no hay nada fácil, pero el que no me entienda es porque no quiere). No comprendo apenas una palabra de lo que se dice en Aero Horrorthon the movie – (part one), su nuevo cortometraje realizado íntegramente mediante IA, pero el nivel de delirio es altamente satisfactorio: Telly Savalas en medio de una invasión de lavadoras, masas histerizadas viendo en cines videoclips con Denis Weaver sobrevolando Nueva York montado sobre un águila gigante, exposiciones de Toyotas, un Abraham Lincoln apocalíptico rebautizado Abraham Linkedin… Packard aprovecha la IA para realizar el blockbuster que nunca le dejarán hacer: excesivo, apocalítico, distópico, surreal, poblado de personajes nocivos, rabiosos, histéricos e imposibles, y altamente referencial, algo perfecto para una máquina de plagiar como la IA, pero que se vuelve tanto más interesante por cuanto la imperfección de las imágenes, llenas de glitchs y todo tipo de deformaciones, generan constantes monstruosidades o, en casos más sutiles, una permanente mutabilidad de toda forma, de nuevo muy coherente con el cine de acción real del autor. Mucho mejor que su pieza anterior, la descafeinada y demasiado fetichista Terror above the Sunset Strip, ignoro si, como su título indica, Aero Horrorton tendrá continuación o acabará formando ese largo en IA que tarde o temprano Packard acabará ofreciendo, pero de momento puede decirse que no hay nada como esta película, y que está más que a la altura de lo que podíamos esperar que el director de Reflections of evil nos ofreciera con este medio.

Bastante inusual, pese a tener algo de Curb your enthusiasm descafeinado, es también el cine de Lucía Seles, del que vi Weak rangers, tercera parte de la trilogía del tenis (que este año ya ha pasado a ser tetralogía) con la que se abre su obra fílmica, que al parecer genera fans a paso veloz. Lo lamento, pero no me encuentro entre ellos. Me encanta su montaje, secuencias troceadas mezcladas de formas altamente caprichosas y sugerentes, pero de todo lo demás no encuentro ni las ganas de decir algo. Son películas que no volveré a ver en mi vida.

En lo más bajo de la experiencia audiovisual se encontraría Unabomber: In his own words, miniserie para Netflix en cuatro episodios sobre el célebre terrorista, por el que me interesé al ver recientemente Stemple Pass, obra de James Benning a la que solo un helicóptero separa de ser maestra. La miniserie es un reportaje sensacionalista y vulgar, reiterativo y sin imaginación que, como suele ser habitual, solo ofrece de interés la mera información y algunas declaraciones (que reduciría al hermano de Kaczynski y una de sus víctimas). En “in his own words” resulta bastante deshonesto, pues la de Kaczynski es una voz más entre otras, siendo esto más apropiado para la película de Benning, que sí permite un conocimiento mucho más profundo de su protagonista. En el fondo, como suele pasar con estos reportajes, da igual cuánto duren: siempre te dejan con la impresión de que no te han contado nada. Por ello, más bien valdría como extra en una edición en BluRay de la película de Benning. Ahí sí.

No puede decirse, como era previsible, que las partes tres y cuatro de Hellraiser eleven el nivel de la segunda, y ello pese a que Hellraiser: Bloodline es la más ambiciosa de las cuatro (también la peor), y que la recta final de Hellraiser III es muy divertida, con su matanza discotequera, sus cenobitas cyberpunk y la magnífica escena en la iglesia. Pero los defectos persisten: el pésimo Doug Bradley y unos guiones más que deficientes, a cargo de un Peter Atkins que, al terminar esta, dijo que prefería no seguir porque no veía qué más se podía contar. Impresionante. Si bien el guion de la cuarta apunta direcciones interesantes, se ven constantemente desaprovechadas por la evidencia de que no hay ninguna idea respecto a quiénes son, qué hacen, cómo actúan los cenobitas. Hellraiser III podría incluso ser una secuela de Pesadilla en Elm Street. Ambas tienen sus momentos (en la cuarta, el ritual de invocación por ejemplo) pero de momento, la de Hellraiser es la peor saga que haya visto de cine de terror, la más claramente falta de dirección y aun de concepto. ¿Mejorará la cosa?

Lo contrario cabría decir de Terrifier. He aquí un gore modélico, un regalo para los fans del género. Nadie que intente una lectura sociológica, “elevada” de Terrifier se librará de parecer un imbécil. Qué alegría. Leone “eleva” su obra del modo debido: por su construcción y la absoluta “pureza” a que lleva sus modelos: un slasher sin rodeos, sin excusas, sin digresiones, sin timidez, atmosférico y sádico en extremo. Tardé en verla porque me hastía el tópico del payaso asesino, así que su primera visión, hace dos años, fue una muy feliz sorpresa, que mantiene la dignidad en la revisión. Art the clown es una joya por su diseño y la actuación de David Howard Thornton, que a todo se atreve y todo le sale bien, que es un modelo de peligro, de sorpresa, y de crueldad. Terrifier es un body count perfecto, y podría incluso ser el mejor entre los suyos: Leone sabe articular la variedad dentro de la monotonía, los esquemas habituales (persecución rápida/lenta, ejecución sangrienta/sobria…), los distintos espacios en un escenario único, la alternancia de víctimas y protagonistas, de armas, de ritmos, de tonos… y todo ello sin ni una sola tentación de ser otra cosa que lo que es (y esto no es lo mismo que decir falto de pretensiones), con pleno amor a lo que un film gore debe ser: el amor por ver la destrucción cruel y feliz de cuerpos humanos que no existen, a manos de un medio ideal para crear imágenes de lo imposible. Por ello, como Pieles de Argento, como Re-Animator de Gordon, como Braindead de Jackson, pocas películas tan felices como Terrifier. 

miércoles, 23 de octubre de 2024

Informe semanal


Django (Sergio Corbucci, 1966) 
Yellow sky (William A. Wellman, 1948) 
Red State (Kevin Smith, 2011)
Yeelen (Souleymane Cissé, 1987) 
Hellraiser (Clive Barker, 1987) 
Hellbound: Hellraiser II (Tony Randel, 1988) 
Roman Polansky había hecho a dos hombres arrastrar un armario, luego Raúl Ruiz a otro arrastrar una maleta, y Sergio Corbucci, en Django, muestra a un pistolero arrastrando un ataúd por el suelo más lleno de barro que se haya visto en western alguno. Que luego saque del interior una ametralladora y acribille a un ejército lleno de hombres con capuchas rojas evidentemente no le resta surrealismo a la apuesta. Django es una joya de exageración y delirio como los spaguetti westerns rara vez saben ser, excesiva por todos los lados: la acción y la violencia son brutales, nada menos que José Bódalo encarna a un bandido mexicano ultra-vitaminado y tan malvado como simpático cuya muerte parece encima homenaje al Peter Sellers de El guateque, pero Franco Nero es de una sobriedad extrema e intensa, dispara impertérrito sin que para poner la bala tenga siquiera que poner el ojo (aunque con los puños no es tan diestro, conste), y los antecedentes dramáticos quedan borrosos, sobre todo en el caso de la protagonista femenina, una por cierto excelente Loredana Nusciak. Una atmósfera dramática, grave, casi trágica va poco a poco posesionándose de la obra y logra momentos  hermosos como el asesinato del dueño del burdel (nunca vemos su cuerpo caer, pero sí el sonido de la caída sobre el rostro de la mujer oculta) o el “duelo” final, que redobla la apuesta de Por un puñado de dólares haciendo que el héroe mate a sus enemigos con las dos manos rotas (y descubriendo de paso que las cruces también sirven para apuntar). Que queden dos sobrevivientes me parece un poco inconsecuente, y que siempre haya menos contrincantes que balas en el tambor del revólver un exceso de buena suerte, pero la película me gusta hoy más que ayer, así que supongo que menos que mañana. Pero vaya usted a saber.  
        En las antípodas, obviamente, se encuentra Yellow sky, aunque hay que decir que se trata de un western rocoso y sobrio, que felizmente apenas usa música en favor de la atmósfera aportada por los sonidos naturales, y donde los personajes tienden a decir lo justo, tanto que, cuando se extienden más de lo común, lo fundamental no es tanto lo que dicen como lo que buscan con ello; así, cuando el protagonista empieza a contar su vida al anciano buscador de oro, no le está hablando a él tanto como a su recién besada nieta, y cuando Dude cuenta a Stretch una pasada afrenta no tiene intención alguna de compartir una confidencia, sino de manifestar que nada impedirá que se haga con el oro que sospecha. Western de cámara, anticipa en cierta medida el ciclo de Boetticher con Randolph Scott, incluso en la simpatía que generan sus villanos, y no es poca ayuda un plantel de actores más que notable, destacando lógicamente al infalible Richard Widmark, un inesperado Charles Kemper o la magnífica Anne Baxter, que sabía mirar como nadie y de tal arte ofrece aquí ejemplos de peso. La película es de tal inteligencia que deja invisible el tiroteo final para que sea con ella que descubramos su resultado, y muestra sabiamente la importancia que la atracción erótica, física, tiene para el personaje cuando descubre que su amado sigue vivo gracias al movimiento de la respiración en su torso. Termina de rematar la función la fotografía de Joseph MacDonald, que al menos a un servidor dejó obnubilado en momentos como la muerte de Bull Run o la escena del beso nocturno entre Baxter y Peck, una de esas confluencias entre luz, movimientos y miradas que se quedan grabados en la retina. Al contrario que Incidente en Ox-Bow o El rastro de la pantera, westerns tan prestigiosos como mediocres, Yellow sky es clásico a la altura de su leyenda.
        Quien no sabe mucho de silencio es Kevin Smith, aunque uno de los mejores planos de Red State muestra una larga toma conjunta de tres agentes de la ley esperando que los fanáticos religiosos a los que tienen rodeados contesten a su llamado, un momento que trae al recuerdo el sentido del plano y la situación que Smith aún tenía en sus primeras películas. Red State, realizada tras la catástrofe de Cop out, está sin duda entre las mejores de las suyas, y fue una enorme sorpresa cuando salió, aunque en esta revisión la encontré más “smithiana” que en su momento, y desde luego, pese a lo que su autor declarara, nada parecido a una straight horror movie. Se trata si acaso de un thriller, si es que tiene sentido usar categorías tan gratuitas, donde en ningún momento resulta creíble la apuesta inicial por la comedia adolescente, ya sea por el brevísimo tiempo que le dedica, ya por la un tanto zafiamente resuelta voluntad de explicar desde el primer momento en qué consiste la comunidad religiosa que enseguida devendrá fundamental en la trama. El logro de Smith, más bien, se encuentra en el desarrollo de la situación, la descripción de los personajes (donde no es sorpresa que destaque John Goodman, pero merece mención Melissa Leo) y, obviamente, los diálogos, aunque cabe lamentar la falta de criterio a la hora de poner en escena un momento tan central como el sermón. La dichosa cámara flotante y la manía por cortar a ritmo uniforme los planos sin razón alguna estropean varias veces la función (es especialmente terrible en la clase del comienzo), pero secuencias como la de la muerte del primer adolescente metralleta en mano están sorprendentemente bien compuestas, y el cierre es hilarante (shut the fuck up!). De remate, hay que decir que, trompetas del Apocalipsis aparte (¡qué gran idea!), Red State es una película sin clímax, en lo que barrunto una influencia de Burnt after reading de los Coen, tres años anterior y que concluye de parecida manera. Un ejemplo curioso de película donde un autor utiliza todos sus procedimientos y estilemas típicos, pero aplicados a un tipo de historia para él nueva (es decir, agentes del FBI bromeando sobre sexo anal). Sin ser una gran película, la considero pequeña joya. 
        Yeelen, hay que decirlo, juega en otra liga, y me impresionó tanto que no sé qué decir de ella. Ha sido nombrada por muchos como “la mejor película africana” y me suena raro y un poco siniestro porque nunca he visto a nadie hablar de “la mejor película europea”, pero se trata sin duda alguna de una obra maestra, y le encuentro pocos parecidos a nada que conozca. Si acaso, me dio en pensar en las películas mitológicas de Pasolini, como Medea o El evangelio según San Mateo (que sí, también considero mitológica) en el modo sencillo, a pie de tierra, en que representa, pone en juego, mira un mundo donde los mitos aún siguen vivos. Diría yo que Cissé, no obstante, parece encontrarse en un puro presente en mayor medida que Pasolini; por decirlo de otro modo, no hay aquí impresión alguna de encontrarnos ante un mundo viejo, quizás porque apenas hay abalorios o iconos aparatosos, tan solo las simples ropas (y a veces su ausencia), un tronco, un hueso, leche, etc. Cissé es de esos directores a los que basta con un chispazo, un fundido encadenado o el más simple de los trucajes para sugerir lo sobrenatural, pero porque en el fondo no hay tal “sobre”, y de ahí la potencia documental de muchos de sus pasajes. Se trata probablemente de la mejor narración iniciática que se haya contado en el cine, y lo más cercano a un auténtico cuento, un auténtico mito, que jamás haya visto en imágenes. 
        Una charla con un amigo que recientemente se vio toda la saga me llevó de vuelta a Hellraiser. Ha sido curioso, pues lo que recordaba peor resultó lo mejor: la historia de Julia, la mujer obsesionada por el hermano de su marido, ahora retornado del infierno con la ayuda de la sangre ajena (y qué gran escena la de su resurrección). La actriz, Claire Higgins, y el desarrollo de su personaje, son lo más interesante de la función, y la centralidad del personaje lo único que me permite entender cómo es que la narración deje en off la definitiva muerte de su marido. Sea como sea, el último tercio es una catástrofe sin paliativos: casualidades de la vida, la odiosa hija es la única que acciona la caja sin que salgan ganchos, a los demonios se les vence con unos rayos de nada o tirándoles un techo encima, Julia aparece en la cama con ganchos y caja sin que se sepa cómo, y del bicho monstruoso al que debe darle miedo cruzar la puerta, mejor no decir nada. Ashley Laurence es la peor actriz del mundo y aunque algo mejor se defienda en Hellbound tampoco da para aleluyas. No dejo de preguntarme cómo los cenobitas tomaron tanta fama con lo maltratados que quedan en ambas películas: en la segunda basta incluso enseñarles una foto para que se pongan a defender a las chicas ¡e incluso descubrimos que los demonios pueden morir! ¿Cómo resolver tamaña paradoja? Que podamos eliminar a un demonio en nuestro mundo se entiende, pero ¿en el mismísimo infierno? No tengo esperanza de hallar explicaciones satisfactorias en la tercera parte. Además, ¿cómo resolver también que, si el dolor conlleva placer, Frank quiera con tanto ahínco escaparse? ¿Será simplemente que es culo de mal asiento, y al fin y al cabo hasta de Traci Lords se puede cansar uno? Más lógica tendrá lo mejor de Hellbound, que a no dudarlo es el personaje del doctor Channard, memorablemente interpretado por Kenneth Cranham. Cuando logra que Julia surja de la cama el actor entiende que se trata de un hombre en el momento de lograr la mayor ambición de su vida: se trata, pues, de encontrar la cara adecuada, justa, y mantenerla paralizada; la mezcla de terror y felicidad ante tan ansiado logro encontrará su eco cuando reaparezca convertido en demonio y, con rostro escalofriante, manifieste “y yo que tenía dudas”. Aquí sí que se ve la tan cacareada mezcla de dolor y placer, junto a la adicción y entrega que debieran ser su consecuencia. Hellbound tiene un grado de locura e imaginación muy de agradecer, sus trucajes son encantadores, pero reitero que lo peor que tiene son los cenobitas. ¿Será el típico ejemplo de fascinación generada por el hecho de que es uno el que acaba teniendo que poner toda la carne en los huesos de una propuesta insuficiente? Dos películas simpáticas en todo caso, ideales para un domingo tarde en familia.